Buenas noticias

Los perros de nadie eran de nadie. Si hasta ayer todavía podía ver sus rostros, y ellos aún podían escuchar sus gritos, ahora nadie lo haría. Porque los hombres se han escondido unos de otros, y unos de otros. Hoy, para las vacaciones, es como si tocara las campanas interiores.

Sin palabras, sin eco y en el silencio de cada uno de nosotros. Ya no sabemos sobre el tiempo, sobre los días de la semana. Y el silencio en el que nos hemos profundizado a veces se vuelve ensordecedor.

Estamos esperando. Y la carga de esperar sobre nuestros hombros es más pesada que la de las losas de río. La incertidumbre genera nuevos miedos que nunca pensamos que conoceríamos.

Y lo que parece estar sacudiéndonos más ahora es en realidad el miedo nacido en nuestra psique, más grande y más contagioso que el microbio que nos puso de rodillas.

La pandemia parece estar dividiendo las aguas. Separar lo esencial de la vida de todo lo superfluo. Pero el sol ha salido. Los árboles dan a luz brotes, la tierra a la hierba, los pájaros regresan y la belleza salvará al mundo. ¡La vida sólo sabe ir hacia adelante, y nosotros tenemos el deber de seguirla con amor y fe!

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