A un paso

En algún lugar de Alejandro Magno, una anciana pasea con correa a un cachorro que parece tan viejo como ella. Señora coqueta con un turbante grueso en la cabeza, anteojos en la punta de la nariz y un bolso.

El perro de pelo blanco, sin sangre azul, y sin impresiones. Una maidanez jubilada. Él la mira y la espera. Ambos caminan, sin prisa alguna. Ya no tienen todo el tiempo del mundo, pero parece que llevan mucho tiempo juntos.

La anciana se apoya en su bastón de vez en cuando. Él la mira, parece saber cuánto dura el dolor y la espera. En tres pasos, el cachorro se lo piensa dos veces y hace una pequeña caca en la acera. La anciana se detiene, porque le toca esperar. Saca un periódico de tu bolso y límpialo. Continúan su camino juntos. El paso. Un paso aprendido en una vida humana, y en la vida de un perro. La vida vivida maravillosamente, y envejecida también. ¡Bésame la mano, señora!

Una historia que nace de un vistazo. Y dijo en un pensamiento. Y vivió durante la pandemia.

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